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Comunicación, Vídeo / Presentaciones

Estar presente y el síndrome del impostor

La Comunicación elegante trata de cómo estar realmente presente y proyectarnos con confianza al mundo.

La verdadera Comunicación surge de deshacernos de los juicios, muros y máscaras de manera que creemos una verdadera y profunda conexión con las personas y las experiencias.

Y el enemigo de proyectar lo mejor que tenemos dentro es la inseguridad, nuestro sentimiento de ser un fraude, de no estar a la altura de las circunstancias. Pero, ¿cómo llegamos allí?

El síndrome del impostor

Probablemente nos hemos preocupado muchas veces por lo que otros pensarán de nosotros, incluso nos hemos permitido el lujo creer que ya sabíamos lo que pensaban; sintiéndonos impotentes, y también consintiendo ese sentimiento; aferrándonos al resultado, al que atribuimos demasiada importancia en lugar de centrarnos en el proceso. Estas preocupaciones se unen en un cóctel tóxico para nuestra mente. Así es como llegamos allí.

Antes de que nos presentemos ante el umbral de una oportunidad, estamos llenos de temor y ansiedad, y tomamos prestados los problemas de un futuro que aún no se ha desarrollado. Cuando nos enfrentamos a una situación de alta presión en ese estado de ánimo, estamos condenados a terminar ese acto sintiéndonos mal.

Si solo hubiera recordado decir esto … Si solo lo hubiera hecho de esa manera … Si solo les hubiera mostrado quién soy realmente. No podemos involucrarnos por completo en una interacción cuando estamos ocupados creando dudas y prestando atención a la rueda de hámster en nuestras cabezas: el confuso, frenético y anhelante análisis de lo que creemos que está sucediendo en la sala. Entonces nos comportamos con una conciencia insensible para con nosotros mismos, convenciéndonos de que estamos, definitivamente, en una situación de alta presión y lo estamos arruinando. Exactamente cuando más necesitamos estar presentes, es menos probable que lo estemos.

¿Dónde está la salida por favor?

Practica la comunicación eleganteComo Alan Watts escribió en “La Sabiduría de la Inseguridad” (The Wisdom of Insecurity), Para entender la música, debes escucharla. Pero mientras pienses: ‘Estoy escuchando esta música’, en realidad no la estás escuchando, parte de tu mente está pensando en que la estás escuchando, hay un proceso desconexión de la experiencia”.

Igual ocurriría por ejemplo en una entrevista de trabajo, si piensas:” Estoy en una entrevista de trabajo “, no puedes entender o participar totalmente con el entrevistador o presentar el “yo” que te gustaría mostrar: más verdadero, agudo, audaz y relajado.

Estos momentos se convierten en apariciones. Y los dotamos con el poder de acosarnos, antes, durante y después. Es como cuando te retan a no pensar en un elefante rosa, es inevitable imaginarlo porque la mente es incapaz de registrar el “no” y aquello que piensas es la realidad que proyectas en tu presente.

 

 

 

Watts describió la anticipación llena de ansiedad de estos momentos futuros como:

 

La búsqueda de un fantasma en constante retroceso, y cuanto más rápido lo persiga, más rápido se ejecutará.

Construir la seguridad en nosotros mismos paso a paso

La próxima vez que te enfrentes a uno de estos momentos tensos, imagina que te acercas con confianza y entusiasmo en lugar de dudas y temor. Imagina que te sientes energizado y cómodo mientras estás allí, liberado de tus miedos acerca de cómo te podrían juzgar los demás. Imagina acabar esa situación sin arrepentimiento, satisfecho de haber hecho todo lo posible, independientemente del resultado medible. No hay ningún fantasma para ser perseguido; No hay espíritu debajo de las escaleras.

Cuando nos sentimos presentes proyectándonos con seguridad, nuestro habla, expresiones faciales, posturas y movimientos se alinean. Se sincronizan y se enfocan. Y esa convergencia interna, esa armonía, es palpable y resonante, porque es real. Es lo que nos hace convincentes. Ya no estamos luchando contra nosotros mismos; estamos siendo nosotros mismos.  Nuestra búsqueda no debe tratarse de encontrar carisma o de administrar con cuidado la impresión que estamos causando en otras personas. Se trata de la conexión honesta y poderosa que creamos internamente, con nosotros mismos. Es una cuestión de dónde ponemos y trabajamos nuestro foco de atención.

El tipo de presencia del que hablamos viene a través del cambio incremental. No necesita que nos embarquemos en una peregrinación prolongada, experimentar una epifanía espiritual o trabajar en una transformación interior completa. No hay nada malo con estas cosas. Pero a menudo son desalentadoras; son “grandes” y llenas de complejas ideas de variada interpretación. Para muchos de nosotros, pueden resultar esquivas, abstractas e idealistas. En su lugar, es un prolífico acto centrarnos en trabajar los pequeños momentos, entrenando un estado de presencia psicológica que dure el tiempo suficiente para aprender a superar las nuevas situaciones que nos desafíen.

La presencia es sobre lo cotidiano. Es más, me atrevo a decir que puede ser algo casi ordinario. Todos podemos hacerlo; la mayoría de nosotros simplemente no sabemos cómo convocar esa actitud o presencia cuando se nos escapa temporalmente en los momentos más críticos de la vida. Y aquí está lo mejor: podemos ajustar estas mecánicas. A través de auto-empujones, pequeños ajustes en nuestro lenguaje corporal y mentalidad, podemos lograr presencia. Podemos auto-inducir la presencia. Hasta cierto punto, se trata de permitir que tu cuerpo dirija tu mente.

Seguiremos hablando de esto y de mucho más y si te interesa ponerlo en práctica pregúntanos. Te plantearemos opciones, juegos y prácticas de interés.

Un abrazo grande y amplio.

Bibliografía recomendada: Presence by Amy Cuddy 

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